6 de abril de 2014

Las 19h. Hora Bruja

Hay días en los que es mejor quedarse en boxes. No sabes cómo ni cuando llegan, no se planifican, no se programan. Pero son necesarios. Llegan, sin avisar y sin tener muy claro por qué, te obligan a parar.
Te preguntas qué es lo que te falta. Respiras, escuchas música, una serie. Procrastinas. Pero llega y sabes que ahí esta a la espera. El momento preciso, la chispa adecuada. Echar la vista atrás y ver lo sucedido en perspectiva. Las sonrisas. Los errores, los errores, ¡los errores!. No se aprende de los éxitos, ni las palmaditas en la espalda te cuestionarán jamás.

Adoro los errores, esos ¡zas! que te crujen y dejan tambaleando tus principios. No así mi orgullo ni mi ego. Para ser más precisos, debería admitir que aprecio los procesos que se generan alrededor de los fracasos. Tan necesarios los fracasos... se ven venir, te puedes preparar pero nunca del todo. Y todo se nubla, se ofusca, se embadurna. Pero algo activan y te ponen en marcha. Será esa parte obsesiva que te hace tener presentes ciertos momentos, personas y frases en el trasfondo de la memoria. Un "run-run" en la parte trasera y baja de tu cabeza que no va a dejar ir una idea: ese concepto de mejora continua. La preparación al cambio.

Es como esas cajas que guardas al fondo del armario. Están ahí y lo sabes aunque no les prestes demasiada atención. Aunque quieras disimular, eres consciente de su presencia. Pero tienes que abrirlas de cuando en cuando. Aunque sea un abrir simbólico. Un dejar fluir los recuerdos, el dolor, las caras, las personas que se filtran entre los espacios y los caracteres y que dan un cierto sentido a un texto caótico.

Escritura libre, sin un objetivo concreto; cementada con los retazos de unas lágrimas no derramadas. Paras. Borras una palabra y la cambias por otra más elaborada. Terminas la frase de una manera cuasi-poética. Estas centrando tu atención en la estética, la sonoridad. Ya pensarás luego cómo cerrarás y darás sentido a esta sopa de letras.

Emails, conversaciones de bar con regusto amargo, una predicción que tristemente se cumple... cabos sin atar, como frases sueltas salteando un texto que sólo tiene sentido en tu cabeza. Y los cambios. Pero, ¿qué cambia? ¿Cambias tú o cambia tu entorno? Sabes que hay temas y personas que querrías afrontar, que el cansancio no ayuda y últimamente te preocupa en exceso. "Cuídate y que te cuiden", pero... ¿quién te cuida? No tienes tan claro que hayas permitido a nadie entrar a esa zona. "Permitir"... curiosa elección. A lo mejor es que no has conseguido ganarte a nadie (más). Alguna conversación ha habido, alguna sonrisa que te ha dado optimismo. Es posible y lo sabes. También sabes que no te puedes escudar en un sólo cambio, que es parte de un proceso.

Más allá de lo que muestres o comuniques, te quieres perdonar, pero no a toda costa.Tú elegiste no tener cerca a la gente importante en todo momento. Esa gente y ese estatus no lo determina la cantidad de tiempo dedicado y compartido. La diferencia estriba en la calidad de los momentos. La calidad se busca, a veces surge de manera espontánea, otras es un acto compartido. Y sobre todo es muy, muy relativa. No conseguirás que todo el mundo vea inmediatamente lo que percibes en otra gente. Y esto te frustra. No te parece lógico que la gente brillante no se reconozca mútuamente. Pero así es. Al igual que tú no eres brillante sino mediocre a ojos de muchos otros.

¿Y bien? ¿qué le vas a hacer? Pese a tu mente cuadriculada y cierta tendencia controladora, nunca llueve a gusto de todos. Y mira que podrías reír un rato largo del gran sarcasmo en que se convierte la vida a veces. Y pese a todas estas pajas mentales consideras sin duda alguna que estás bien. Genial. Sabes que podría ser mejor pero no te faltan motivos ni gente para reír ni sonreír. No están todos, ni lo estarán nunca. Y tienes suerte, una suerte inmensa que si piensas en términos globales, no te mereces.
"Uso demasiado las repeticiones y enumeraciones" - piensas - y quizá no sea más que un intento de hacer pervivir lo positivo y recodar lo mucho que te queda por leer, aprender y escuchar. "Quizá" - o tal vez no sea más que una herencia estilística de alguien que no escribe lo suficiente como para elaborar su propia firma no rubricada.

Y para colmo, te acabas de citar en primera persona. Puede que el tratar de acercarte a quienes te importan te haya hecho adoptar, esperemos que temporalmente, unas cualidades cuando menos discutibles. Pensabas que la egolatría no estaba en tu diccionario pero ¿qué es si no, esto que escribes? ¿A dónde vas a parar si no respiras, cuentas hasta diez y te ves, tal y como haces con el resto de situaciones, desde cierta distancia? No es la primera vez que el espejo te refleja algo parecido, un exceso de "yo" en el discurso que no has conseguido despejar de la ecuación. Eres cabezota, eres orgulloso y puedes llegar a ser un chulo... y en parte, recientemente, no dejas de pensar que ese exceso de "yo" es el otro plato de la balanza. Una construcción que se articula en torno a cierta obsesión por equilibrar dicho peso con una medida alternativa del "tú" construida con bastante precisión. Lo que pasa es que, como en todas las balanzas, el equilibrio no es constante y a veces una de las partes coge más peso aparente.

"Has hecho lo que deberías?" No siempre, pero me lo recuerdo con cuarto y mitad de muchos "tú" que casualmente hacen un "vosotros" y que son los que cierran la circunferencia. Y creo que este puede ser un gran recordatorio para alguien a quien le parecen importantes las palabras, le pesan los silencios y trata de cubrir la distancia con tinta.

La hora bruja, ese momento en que el día y la noche se acarician las yemas de los dedos para pasarse un testigo inexistente, toca a su fin tras más de sesenta minutos dedicados a divagar sin rumbo fijo en las profundidades de las vivencias. Sin un cierre claro, sin grandes alardes líricos y con alguna que otra licencia se hace necesario buscar esa hora en la que no se alinean las condiciones necesarias para autojustificar una ausencia de actividad, pero se rompe la ausencia y el silencio para tratar de plasmar un sentimiento, una sensación... una intuición ciertamente positiva.

Un recordatorio de que no todo es el aquí y ahora sino todo lo contrario; que el día a día esta compuesto de muchos nombres que merecen ser recordados y que cada cual, en sí mismo, requiere un esfuerzo único por entender, comprender y construir. Por esos nombres, por vosotros.

21 de febrero de 2013

A las drama queen les gustan los pantalones rotos


drama masks & waterfall

Una de las cosas más curiosas de tener una mente matemática es que no sabes hasta que punto se integra en el resto de tu ser. Sí, incluso en los ámbitos más irracionales te afecta. Te has pasado media vida analizándote o mejor dicho, conociéndote, tratando de detectar a ciencia cierta cuándo te estas autoengañando, cuando te mientes a ti mismo. Y estas orgulloso de ello porque te crees que has alcanzado una cierta madurez que, en cierta manera te caracteriza. Aún y así cuando mezclas ambas facetas, cosas de lo más truculentas pueden suceder. Es decir, te has tirado mucho tiempo muy centrado, muy en tu sitio, con todo bajo control. ¡Ay el control, esa falaz sensación disfrazada de concepto! Piensas que has estado en un estado zen que se ha prolongado durante meses y hasta años y del que, cómo no, te sientes orgulloso. Pero claro, como buen maniqueísta todo lo bueno se valora en perspectiva porque termina y ahora que las aguas vienen revueltas te sale el lado más radical y te crees que tienes que ir al extremo contrario. Esto, señoras y señores, no es más que el concepto de media y desviación típica aplicada a la gestión de las emociones y como tal, es mentira.

Llega el momento en que te puede el cansancio y te levantas una mañana con esa símbolica resaca de cuando te has tirado, nunca mejor dicho, toda la noche practicando sexo con la misma tristeza. Y no contento con ello, consciente o inconscientemente, decides superarte a ti mismo y te encaminas a por el trío con la autocompasión. Te levantas, te descuidas, te pones esos pantalones rotos para permitir que el frío entre y te toque profundo, más allá si cabe de la propia piel. Al final y al cabo, piensas, es cuestión de tocar fondo para poder impulsarte de nuevo. Nada mejor que acompañar un suculento cócktel de depresivos imaginarios con un poco de castigo corporal, no autoinfligido, pero sí búscado. Añadir a la mezcla una cucharada de pensar de más y una pizca casi imperceptible de llamar la atención.

Y es ahí, justo ahí, donde empieza el tango de los "ismos". De la fuerza de los brazos del estoicismo y positivismo caes al vacío de las manos de un romanticismo absurdo, ¡suicidate! grita desde el público una de esas personas que tanto valoras por lo que dicen y cómo lo hacen. En la transición, un medio paso corregido para no caer en el error del escepticismo pasivo. Seguir con un giro energético, casi acrobático entre el nihilismo y el realismo. Y terminar la pieza con un elegante movimiento de ese relativismo contradictorio que hace reaccionar a ese público distraido y ausente que no ha venido a verte porque no aprecia tu egocentrismo.

Este tango dadaísta termina por ponerte en perspectiva contra todo pronóstico. Puede haber sido una frase o que se haya tocado el acorde preciso de esa nota llamada ilusión que se estaba apagando. Quizá es tu orgullo. Pero los ecos del anarquismo pasado, tan acostumbrados a navegar con un desdén irracional por las aguas de la teoría del caos han vuelto a sonar con fuerza. Mantener esa delirante calma por la que aún se te ha llamado inconsciente supone romper con aquellas fórmulas establecidas. Es el momento de desaprender de nuevo aquello que no aporta, que no merece la pena.  Ahora ves que es aquella inconsciencia la que te trae por estos esquizofrénicos parajes que no son sino el yang de los más brillantes momentos fruto de lo rescatable de la experiencia pasada.

Eres una drama queen, como no podía ser de otra manera cuando llevas el cuatro del eneagrama tatuado a fuego en tu alma. Pero no te engañes con la ilusión del control cuando sabes, a ciencia cierta, que no eres tan metódico ni ordenado. Cuando lo que mejor se te da es coger esa ola de caos que es la realidad y disfrutarla en su recorrido. 

Este es tu momento, tu lugar y tu ola. Aprovecha este microinstante de mar en calma para ponerte en tu lugar, cierra los ojos, coge aire, elabora tu soledad y reconstruye tu calma interior porque esto que viene, lo vas a vivir según tú quieras vivirlo. Será tan fácil o difícil como tu quieras que sea y sobre todo, depende única y exclusivamente de ti. 



*Dedicado a todas aquellas personas que de cuando en cuando se transforman en una drama queen y han sabido hacer de ello una de sus fortalezas
*Reconozcamos autorías. El término drama queen no es mio, pero es genial.
Foto: Drama Masks & Waterfall

11 de diciembre de 2012

Queridos Derechos Humanos








En la Franja de Gaza:
Queridos Derechos Humanos,
Este año me he portado bien.
He ayudado a mi madre en las tareas del hogar. He cuidado de mi hermano. He ayudado a mi abuela. Y aún y así amigos y familiares mios han resultado heridos o han muerto bajo el fuego de los bombardeos.
En algún lugar cercano a las fronteras con Siria:
Queridos Derechos Humanos,
Este año he sido bueno.
He ido todos los días a la escuela. He hecho los deberes responsablemente. He estudiado todas las semanas. Hasta que tuvimos que coger lo que pudimos y salir de casa a toda prisa por miedo a que nos pasara algo malo. Ahora me dicen que tengo que esperar hasta que me den permiso para volver a una nueva escuela.
En Myanmar:
Queridos Derechos Humanos,
Este año he sido una chica muy formal.
He ayudado todas las semanas a mis vecinas a cargar el agua de la fuente que esta a 5 kilómetros de nuestra casa. Ahora son ellas las caminan varios kilómetros para acercarse al centro de salud más cercano a ver si hay suerte y puede venir a visitarme un médico pronto.
En la República Democrática del Congo:
Queridos Derechos Humanos,
Este año he sido ejemplar, mientras he podido.
Me he llevado bien con todos mis compañeros. He jugado limpio al futbol con ellos. Les he ayudado en lo que he podido con las tareas. Hasta que un día me llevaron y ahora me veo obligado a empuñar un arma y hacer todo lo que se me ordena.
En una zona rural de Colombia:
Queridos Derechos Humanos,
Este año he sido muy buena. 
Voy a la universidad a la vez que trabajo para sacar adelante a la familia y forjarme un futuro mejor. Además, soy voluntaria durante los fines de semana en una organización de mi barrio. Ahora tengo que esconderme y he pedido asilo porque he empezado a recibir amenazar por denunciar la corrupción que nos rodea.
En alguna ciudad de Grecia:
Queridos Derechos Humanos,
Este año hemos sido muy buenos.
Hemos trabajado durísimo por un sueldo de mierda a lo largo de jornadas interminables que duraban varias semanas seguidas para poder brindar el mejor futuro posible a nuestros hijos. Ahora estamos en la calle, como muchos otros, sin tener muy claro por qué, sin ser responsables de ello y con un futuro incierto por delante.

Porque los Derechos Humanos no son premios que han de ganarse, haciendo méritos para ello.
Porque los Derechos Humanos son universales, independientemente de quién seas y en dónde vivas.
Porque los Derechos Humanos no son un mito o ciencia ficción o una fábula o una figura literaria.
Porque los Derechos Humanos son aplicables los 365 días del año.
Porque los Derechos Humanos no entienden de guerra, intereses políticos, religiones o sexos.
Porque los Derechos Humanos no diferencian (dis)capacidad, raza o género.

Sea esta un pequeño homenaje a todas aquellas personas cuyos derechos son vulnerados sistemáticamente día a día durante los 365 días del año y, pese a todo, nos dan ejemplo de vida, de fuerza, de resistencia, de resiliencia y de sonreir (a veces incomprensiblemente) ante la adversidad, a todos aquellos sujetos activos del devenir de sus vidas, digan lo que digan. De igual manera, que sea también tributo a quienes se dejan la piel y la vida, algunas veces literalmente, por la búsqueda y la defensa de los derechos humanos tanto de sus comunidades como de terceras personas.

Tanto a los unos como a los otros: sois mis ídolos y el espejo en el que, algún día, me gustaría poder verme reflejado. Os admiro.


*Ayer, 10 de Diciembre se celebró el Día de los Derechos Humanos en conmemoración del aniversario de la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. 

Referencias:
Imagen 1: Reyes Magos ante el Muro de Belen - (link via Google Images)
Imagen 2: Flower Chucker, de Banksy - (link via Google Images)

24 de septiembre de 2012

Charlie Hebdo y los limites de la libertad de expresion

Lo malo de volver a una época más reflexiva es eso mismo... que te pones a pensar. Y claro en este reabrir la caja de pandora aparte de proyectos que tienes en mente se te cruzan temas e historias en tu camino que es, precisamente en estos momentos, cuando te piden a gritos unas lineas y un tratar de ordenar ciertos pensamientos cruzados.

El tema, en boca de todos y diversas primeras planas de medios a nivel internacional: un patetico video y unas desafortunadas tiras cómicas que estan dando la vuelta al mundo debido a una serie de reacciones tristemente violentas. El reto: ir al fondo de la cuestión o al menos tratar de identificar los puntos conflictivos de una serie de hechos encadenados a los cuales despertamos por la noticia de un brote violento en Bengasi (Libia) que terminó con la vida de 4 diplomáticos estadounidenses.

Perspectivas desde terreno

Para aquellos que estamos trabajando en el extranjero, especialmente en zonas árabes, estos y otros temas se vuelven de manera más o menos recurrente en conversaciones del día a día. Especialmente interesante el caso de algunos trabajadores de ONGs del mundo del desarrollo y la acción humanitaria, que entre otras cosas, nos vemos avocados a ejercer esa función de análista de la política regional para determinar en qué manera nos afecta en nuestro trabajo, como mínimo desde la perspectiva de seguridad.

Como ejemplo, una conversación de fin de semana, en la que varios profesionales del mundillo coincidimos en torno a una mesa para cenar y tomar algo. Entre muchos otros, salió el tema en cuestión y como todo análisis y conversación, por algún punto debía de empezar. La premisa de discusión la podríamos sintentizar en la siguiente pregunta: ¿Hicieron bien los de Charlie Hebdo en publicar las tiras días después de la popularización del tema en pleno pico de violencia en el seno de países árabes?

No voy, ni considero que pueda, entrar a detallar la conversación (muy interesante por otra parte) pero pongamos que la discusión emergió por dos posturas muy interesantes, que a la postre resultaron convergiendo en complementarias.

La primera, argumentaba en base a la doble reacción del gobierno francés de esgrimir la bandera de la libertad de expresión que de manera tán célebre se recoge en su lema "liberté, egalité, fraternité", para posteriormente proceder a cerrar hasta 30 representaciones oficiales y centros educativos en las zonas de riesgo. Obviamente, era una línea de argumentación en la línea de la gestión de la seguridad que varios, a lo mejor por motivos laborales, la hemos tenido tan presentes en estos días y donde además tenemos presentes los casos de conocidos, compañeros y amigos que ha sido literalmente encerrados en casa aplicando uno de los más altos niveles de seguridad mientras pasa el temporal. El resumen de esta linea argumentativa se centraría en que, la decisión del Charlie Hebdo, se considera echar más leña al fuego de la violencia.

La segunda línea iba más a la interpretación de la lógica política subyacente, a que no se trataba de un tema de recortar aunque sea momentáneamente la libertad de expresión, habiendo secuestrado o reaccionado en contra de dichas tiras cómicas. La argumentación se centraba en que la respuesta violenta no era causa directa de la publicación de tal o cual tira sino de una política exterior beligerante y neocolonizadora de, curiosamente, estados con Francia o EEUU. Curioso el hecho, también resaltado durante el debate de, el círculo vicioso creado ya que en la propia línea de la teoría "War on Terror" post 11S alimenta dicho nuevo enfoque de enemigo común entendido como el terrorismo de corte islámico en contraposición de la sopresa democratizadora del fenómeno de la primavera árabe.

Como se puede observar, no era complicado terminar admitiendo que ambas posturas era complementarias ya que todos los presentes nos definimos como fieles defensores de la libertad de expresion y de la célebre frase atribuida a Voltaire que, aparentemente, no es suya: "No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo". La diferencia estribaba en la perspectiva: mientras la primera se preocupaba por la inmediatez de la reacción y los efectos llamemosle colaterales del tema (me atrevería a denominarla como perspectiva pragmática), la segunda hacía un análisis político más amplio y sobre todo con mayor perspectiva (pongamos que la denominamos perspectiva sistémica).

La imagen que tenemos sobre el mundo islámico

A posteriori, aquel comienzo de reflexión al más puro estilo "geopolítica de bar" se le han ido sumando las más diversas reacciones y análisis de los diversos ámbitos que me han hecho seguir dandole vueltas al asunto. Hay ciertas preguntas que me sigo haciendo como por ejemplo, el nivel de conocimiento y cobertura que se le dieron a los gestos de condena de la propia población Libia a los ataques de Bengazi. A este respecto, he de reconcer, además, que si bien leí el artículo en su día me ha costado volver a encontrarlo: no tenía claro dónde lo leí, no hay mucha tinta al respecto y además es complicado escoger el término de búsqueda adecuado, aparte que los buscadores de algunos medios son un poco flojos, he de reconocer. Otra pregunta que me hago es... hasta que punto se está metonimizando el todo por la parte a nivel del mundo islámico y reflejando el conjunto por medio de grupos y colectivos que bailan en la delgada línea entre la ortodoxia y la violencia, como por ejemplo el caso del movimiento Salafista? No parece que seamos conscientes ni que se quiera poner de relieve que el mundo islámico, que se cifra en torno a 1.200 millones de personas según leía recientemente, es todo un mundo y no se puede representar por una única parte, que no todo es blanco o negro o que más nos valdría echarnos a temblar si todos fuesen violentos. Pese a todo, no voy a entrar en la profundidad del análisis político que esto se merece porque pese a tener mis medios y mis recursos, se lo dejo a los buenos. Sí, sí, oiga, que ahi fuera hay gente muy buena haciendo análisis que merece la pena dedicarle un tiempo, más largos y amplios, cubriendo aspectos relacionados a nivel política y lanzando preguntas interesantes. Menos mal que aún hay que escarbar pero se encuentran artículos que merecen la pena más allá de la propaganda y el oportunismo.

El debate acerca de la liberta de expresión

Y es, justamente en este término (el oportunismo) en que quería terminar y al que me lleva mi reflexión, que va a un ámbito que también está dando mucho de qué hablar y qué pensar. Asi pues, voy a desarrollar un poco sobre la maniobra del Charlie Hebdo.

Creo en la libertad de expresión pero es en estos momentos en los que me planteo hasta dónde llegan sus límites. ¿Limites? ¿Como? Sí, sí limites... pero no me refiero a los límites legales o políticamente correctos (ciencia de la que nos soy especialmente seguidor), si no a los límites éticos desde el punto de vista del individual y de quien tiene la libertad para ello y no desde la perspectiva del estado o del poder fáctico con opciones a restringir dicha libertad. Pongamos que es una reflexión de los límites desde el plano filosófico.

Si hablamos del caso francés, y pese a que no soy un experto en la matería, se me hace difícil no volver al ya mencionado "liberté, egalité, fraternité". A día de hoy parece irrebatible el tema de la libertad (de expresión en este caso) en Francia pero, en el caso que nos ocupa es, ¿donde quedó la "fraternité"? ¿Donde queda la mínima consideración por los miles de franceses repartidos en el mundo y en especial en países árabes a los que se la ha puesto, a golpe de trazo, en riesgo, en un hipotético punto de mira? Puede que no pase nada, puede (inshalla, que se dice por aqui). Pero en estos casos pienso en lugares como Gaza, Libia, Libano, Siria... y me acuerdo especialmente de los compañeros de profesión, aquellos trabajadores de la acción humanitaria y de otras (periodistas, académicos, etc...) de los cuales, a muchos que conozco, tienen grandes y estrechas relaciones con personas musulmanas y tratan humildemente de comprender la lógica y cultura subyacente, de dónde salen ciertos dogmas que a nosotros nos parecen extraños y difíciles de encajar... aquí me pregunto, ¿qué derecho tienen terceras personas de poner en riesgo a éstas y otras personas?

Para mi, la respuesta es lógica: ninguno. Y lo entiendo de manera universal, además. No creo que ningún actor, ya sea estatal, local, individual ni de comunicación tenga otorgado un cierto nivel de libertades que le permitan poner en riesgo o infligir ningún tipo de daño y esto debe ser aplicable a todos. De ahí que no entiendo ni comparto muchas estrategias de política exterior ni sus consecuencias, como tampoco entiendo ciertas actuaciones, como por ejemplo, las de ciertas empresas empresas cuyo ámbito de trabajo también alcanza los países empobrecidos.

Pero como ya he dicho, en este caso me quiero centrar en el caso de Charlie Hebdo. Puede que dada la cosmovisión sociopolítica francesa sea difícil buscar una reacción externa, por eso lo enfoco desde la ética y creo que el punto de análisis tiene que estar a priori, en el momento en que el/la dibujante empuñó el lápiz y cuando posteriormente se aprobó su publicación, esto es, alguien aprobó la misma. Tras la experiencia de casos anteriores, como el caso de las tiras publicadas en Dinamarca hace un tiempo, era cosa de 1+1 saber o predecir lo que podía suceder en esta semana, con este contexto y en el momento en que grupos violentos y exhaltados estaban en las calles tras el dichoso video. Publicarlo fue un movimiento que parece, cuando menos, oportunista y enfocado a copar las portadas internacionales en un gesto megaeficiente de publicidad sin coste que fue completamente en detrimento de la seguridad de ciertas personas.

Si mal no me acuerdo, decía John Hammond hacia el final de Jurassic Park (cito de memoria, asi que es una versión libre): "estabamos tan ofuscados en ver si podíamos, que no nos paramos a pensar si debíamos". En relación a esto y por otro lado, me acuerdo de cierto debate en el colegio en la asignatura de filosofía sobre los límites de la libertad, en los que siempre sale la siguiente máxima: "tu libertad acaba donde empieza la mía". Y es aquí donde quiero dejar la reflexión y lanzar la pregunta: señores del Charlie Hebdo, de acuerdo al imperativo ético, ¿era realmente necesaria la contribución periodistica de Charlie Hebdo? ¿debieron hacerlo? ¿cual fue la motivación subyacente? ¿queda la libertad supeditada a otro tipo de principios?

Miedo y profunda tristeza me da un mundo en que se defiende la libertad de expresión a capa y espada sin pararse ni un momento a pensar en las consideraciones éticas subyacentes. Coincido en que esto es la derivada segunda de un juego de intereses en el tablero de la política internacional pero una vez que la partida está en marcha... ¿dónde quedó la corresponsabilidad?

Referencias:
Imagen: United Explanations en Facebook (enlanzando a Diseño Social)


18 de septiembre de 2012

Cooperantes-FAQ (0): Prólogo


cooperantes
Después de un tiempo dedicado más a la introspección, voy a retomar un tema que hacía tiempo que me rondaba la cabeza. No sé si se debe a que el pasado 8 de Septiembre se celebró el día del cooperante, a que me parece interesante el tema por muchas de las cosas que por ahí se dicen o simplemente por recoger ciertas experiencias comunes en el mundillo. Sea cual sea la verdadera razón de fondo, ahí vamos, voy a tratar de arrancar esto como una nueva sección llamada Cooperantes-FAQ, en la que trataré de reflexionar sobre la profesión, los estereotipos, tergiversaciones varias y demás historias de un ámbito poco conocido pero del que, tengo la sensación, mucho se habla últimamente. ¿Empezamos?

;-)


Imagen: "Cooperante" por Olga Berrios @Flickr

28 de agosto de 2012

Trazos de lágrima


Cuando la realidad te muestra la dura corteza de tus miedos,
cuando miras la botella de ron de reojo porque no tienes suficiente tabaco
ni sabes cómo hacer para dejar de sentir
para dejar de estar conectado al mundo
para dejar de ser tú mismo durante unas horas
en esos momentos en que envidias a esa gárgola
insensible, atemporal, sin sentimientos,
que mira al horizonte sin esperar nada más que el paso del tiempo
a que otra guerra, otro bombardeo, otro brote iconoclasta
la destroce por fuera porque nunca pudo ser tocada por dentro.

En esos momentos en que no te sientes solo pero te sientes vacío,
sin nada que aportar a tu alrededor
y se te escapa la existencia
convirtiéndose en el acantilado que asoma al abismo.
Cruel abismo
eterno, silencioso
ausente y traicionero
que absorbe toda luz y horizonte
que refleja tus dudas, inseguridades , imperfecciones y defectos
como un espejo de circo
y los agranda y magnifica
y hace que resuenen en lo más hondo de ti
donde nadie llega
donde nadie puede escuchar.

Así, poco a poco, casi sin darte cuenta
dejas de quererte un poquito más
te cuestionas, te odias a ti mismo,
dudas y tiemblas más
y te cuesta ver más allá del ocaso de tus sueños
porque tu sueño , el sueño, murió ahogado entre tus manos
se te escurrió entre los dedos
y te quedaste mirando
atrapado entre interrogantes.

Otra muesca, otra promesa, otra pena
otra vez más has caído en la casilla de la muerte
en el juego de la oca de la vida.
Y tienes suerte, asúmelo
porque tus problemas son una puta mierda
son la parte diferencial e infinitesimal de las letras minúsculas de la
palabra “problemas” para una gran parte de este mundo.
El mundo de los sueños y los deseos están llenos de esperanzas
que se han roto o que ni siquiera llegaron a serlo.
Y es entonces cuando, además, te sientes egoísta
¡Que bien! te dices… ¡que jodidamente bien…!
¿Qué más te falta? Piensas.
No debes estar lejos de ser tu peor yo, aunque claro
seguro que si te esfuerzas aún te puedes superar.
Pero no, no eres así. “Aún no”, te mientes.
El sol volverá a brillar en el horizonte
pero ahora no te lo quieres creer
porque sabes que todo el mundo tiene derecho a una noche de autocompasión.
Esa odiosa tendencia que debieras erradicar.

¡Qué gilipollas! Te increpas
¿qué te habías creído? Te planteas
¡Mierda! Te lamentas
Eres un idiota cansado de darse la razón desde el dolor
en lugar de aprender y luchar.
O quizá es el momento de asumir
que dejaste de aprender y luchar porque estas cansado,
el momento de descubrir que era una partida de ajedrez efímera
perdida antes de jugarla porque ni siquiera tenías las piezas en su sitio,
el momento de valorar que es el colofón de tus últimos fracasos
y que eres tú el que ha entrado en bucle, sí, tú
y no ibas a ser capaz de darte cuenta hasta que se te partiese el alma en pedazos 
en otro cúmulo de despropósitos
esta vez, distintos, quizá necesarios,
puede que inevitables.
Y jodidamente reales.

En parte, tampoco quieres que este momento pase,
esto no es más que la prolongación de tu llanto
que ha caído torpemente sobre unos versos de mierda
que quisieran conformar trazos con forma de lágrima
para que no se te olvide,
para que se te grave a fuego,
para que no dudes, ni un instante,
de que fuiste capaz de volver a querer.


28 de febrero de 2012

Enumeraciones y Conjunciones Diarias

Hay días...

... en los que todo parece salirte al revés. Ni una nota, ni un trazo. Nada parece afinado, ni lo suficientemente artistico cuando tratas de escribir sobre el pentagrama del día a día que se empeña en no mantener el paralelismo entre sus líneas.

Hay días...

... en el que todo te duele. Y soplas y resoplas; y bufas y rebufas. Rebuznas, incluso. Y las agujetas pasadas, presentes y futuras te dan mucha pereza aún cuando estas en reposo y todo te parece costar el doble. Y te pesa la incompetencia. La de los demás y la tuya propia. Porque cuanto más duro se es con los demás, más duro te eres a ti mismo.

Hay días...

... en los que te pesan la profesión. Y la ocupación. Y el desplazamiento forzado. Y los juegos de intereses. Y el politiqueo ridículo. Y la sumisión egoísta e interesada. Y la poca vergüenza. Y el desgaste por goteo. Y la entretejida maraña de hilo de gato que a lo largo de los años se va complicando poco a poco para terminar conformando una telaraña que atrapa para ir desgastando hasta que finalmente las fuerzas se desvanecen.

Hay días...

... en los que te ofuscas tratando de abrir puertas, literalmente, mientras te ahogas en un vaso de agua. Te avergüenzas del pataleo, constante, egoista, sucio y ombligista que no es mas que una triste aproximación dadaísta e hipócrita. Y todo te parece incompleto, decadente.

Sí, hay días...

... en los que dejas de creer que no hay crisis a los 30 sino 30 crisis que han de ir superandose. Y te olvidas de lo que eres, de dónde estás y de cómo has llegado para descubrirte, una vez más, a ti mismo. Un descubrimiento en lo cotidiano, en lo pequeño y al que sólo se llega pensando, reflexionando, leyendo los puntos nacidos de nimios detalles que te representan en conjunto. El uno para todos sin el uno, porque no existe tal sino es con todo.

Y ahí, sólo ahí. En el puro borde de la esquizofrenia cultural, en la más pura y absurda levedad del ser es donde te descubres perfectamente rodeado de múltiples quilates de tamaño infinitésimal esculpidos en forma del calor del sol de invierno por la mañana, del café de la mañana (o dos) preparado sin escatimar en generosidad, de la risa abierta y sin prejuicios, de la crítica apasionada, de la paciencia urgente de las prisas, de la desinteresada ayuda fuera del horario de oficina, de la sonrisa y el humo del cigarro de las cosas bien hechas, de la tranquilidad de la ducha caliente y de la joven alegría de las sorpresas inesperadas.

Sí, ahí es donde mejor te mueves. Porque no te engañes. Nunca serás la cara ni la firma de grandes hazañas sino el inadvertido trilero de los pequeños detalles: aquel que bebe y vive en los mismos y juega a mostrartelos para hacerlos desaparecer en el siguiente suspiro.